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lunes, 2 de febrero de 2026

REIVINDICANDO A CALLUM BEATTIE.

 


CALLUM BEATTIE es un cantante y compositor escocés nacido en Musselburgh, East Lothian que lleva en activo desde 2012. Su primer álbum de larga duración, People Like Us, llegó finalmente en 2020 -ocho años después de sus primeras publicaciones y tras una serie de sencillos independientes- y alcanzó el número uno en las listas de álbumes escocesas, gracias en buena parte al impacto del single Salamander Street. Tres años después publicó Vandals (2023), consolidándose como voz destacada del rock y el songwriting británico contemporáneo. Hoy hablaremos de su tercer álbum, titulado INDI, es su primera obra completamente independiente tras dejar el sistema de grandes sellos, y marca un momento de máxima confianza creativa y de control artístico en su carrera. 

INDI transita con naturalidad por un rock de raíz clásica que bebe del heartland rock ochentero, el songwriting confesional y un folk-rock contemporáneo de acento británico, apoyándose más en la emoción que en el artificio. Hay ecos claros de la tradición escocesa de cantautores que priorizan la historia y la voz por encima del impacto sonoro. El disco se mueve entre medios tiempos cálidos, baladas contenidas y canciones de pulso rock sobrio, con una producción discreta que evita el dramatismo excesivo y refuerza una sensación de honestidad adulta, casi doméstica, donde lo importante no es innovar el lenguaje sino decir algo verdadero con herramientas clásicas.

En el plano narrativo, INDI articula un conjunto de relatos íntimos y cotidianos que exploran la madurez emocional, las relaciones desgastadas, la identidad y el paso del tiempo sin recurrir al dramatismo ni a la consigna. Beattie escribe desde un “yo” vulnerable pero nunca autocompasivo, observando los pequeños conflictos -amor, distancia, pertenencia, culpa, memoria- como espacios donde se toman decisiones silenciosas más que como grandes tragedias. Las canciones funcionan casi como escenas breves, más sugeridas que explicadas, en las que el peso narrativo recae en el detalle y el tono, construyendo una sensación de vida real vivida hacia dentro, coherente con una mirada adulta que asume la ambigüedad y rehúye las respuestas fáciles. 


INDI ha conseguido una media crítica de 65 sobre 100 basada en las reseñas de Clash (70/100) y Record Collector (60/100). Obviamente no estamos de acuerdo con estas valoraciones y por eso estamos escribiendo esta reseña. Porque INDI nos parece el álbum brillante de un artista que debería ser reivindicado. Es cierto que Beattie es una estrella en Escocia y en gran parte del Reino Unido. Pero todavía le falta proyección internacional. Algunos medios británicos lo han comparado con Sam Fender en unos términos, que harían cuestionar la prensa musical que se hace hoy día. 

Porque definir a CALLUM BEATTIE como “el Sam Fender caledonio” resulta injusto y, sobre todo, anacrónico. Beattie es cinco años mayor y lleva publicando música desde 2012, con una trayectoria consolidada mucho antes de que Sam Fender alcanzara notoriedad internacional a partir de 2018. Presentarlo como una derivación de Fender no solo invierte el orden cronológico, sino que reduce su identidad artística a un atajo mediático. Más que un reflejo estilístico real, la comparación responde a la costumbre de tomar al artista inglés de mayor éxito reciente como marco de referencia, aunque los hechos digan lo contrario.

Quizás sería más correcto decir que CALLUM BEATTIE comparte con Sam Fender una influencia común: Bruce Springsteen. Springsteen sería el tronco y Beattie y Fender son ramas distintas y el éxito de una hace visible la otra, pero no la crea. Además,  evoca al Springsteen de los 80, no al de ahora. El Springsteen de Tunnel Of Love (1987) y puede que ahí esté la clave por la que a cierta crítica le chirría INDI. Tunnel of Love (1987) no era el Springsteen épico que llenaba estadios. Era íntimo, vulnerable, lleno de dudas adultas, más psicológico que político, más de relaciones rotas que de puños alzados. Y Beattie conecta justo con ese ADN: canciones que parecen confesiones, arreglos contenidos, emoción sin postureo, letras que no buscan la consigna ni el titular. Para una parte de la crítica moderna eso es: “retro”, “seguro”, “poco arriesgado”. Pero para nosotros es exactamente lo contrario: ser arriesgado en 2026 es ser sincero sin ironía.  

Además, hay algo generacional importante: el Springsteen de Tunnel of Love fue malinterpretado en su momento y reivindicado con los años. No sería raro que INDI tenga un recorrido parecido: disco que no deslumbra en la primera ola crítica, pero que envejece mejor que muchos “hypes”. Tunnel of Love no es el Springsteen canónico para la crítica. En el imaginario crítico dominante, Springsteen es sobre todo: Born to Run, Darkness on the Edge of Town o Born in the U.S.A. Tunnel of Love siempre ha sido un disco incómodo, menos citado, menos épico y más emocional que político. Durante años fue visto casi como un paréntesis blando. Su revalorización es tardía y más común entre oyentes que entre periodistas jóvenes. Muchos críticos actuales tienen entre veinte y treinta y pocos, se formaron más con sonidos contemporáneos y conocen a Springsteen por referencias, no por escucha profunda. Saben qué representa Springsteen como símbolo, pero no han vivido discos como Tunnel of Love como experiencia emocional. Y sin esa referencia, un disco como INDI puede parecerles: correcto, bien hecho, pero “menor”. No porque lo sea, sino porque les falta esa llave.

La crítica penaliza lo que no “expande el lenguaje”. Hoy se valora más la ruptura formal, el comentario sociopolítico explícito, la novedad sonora. INDI no quiere expandir nada. Quiere decir la verdad con herramientas clásicas. Eso conecta con Tunnel of Love, pero choca con la crítica contemporánea, que a menudo confunde contención con falta de ambición. Nosotros nos enfrentamos a los álbumes como oyentes adultos, con bagaje emocional. Otros críticos muchas veces los escuchan como producto cultural, dentro de una conversación de actualidad y comparándolo con lo “relevante” del momento. Son planos distintos. No es que los otros críticos sean ignorantes. Es que Tunnel of Love no es una referencia viva para muchos de ellos. Y cuando falta esa referencia, INDI pierde una capa fundamental de lectura. Por eso nosotros no concebimos una media de 65/100 para este álbum y optamos por valorarlo con una nota de 85 sobre 100 convencidos de que, con el tiempo, este tipo de discos suele salir mejor parado que en su recepción inicial.



MEJORES MOMENTOS: Pins And Needles, Two Pretenders, Birthday, Always rain in Glasgow, 

MEDIA CRÍTICA: 65/100

NUESTRA VALORACIÓN; 85/100

viernes, 30 de enero de 2026

PRESENTANDO A DELANEY BAILEY


Cada vez que nos presentan a una nueva artista y leemos que “es una cantante, compositora y creadora musical estadounidense que ha ganado reconocimiento tanto por su música como por su presencia en redes sociales, especialmente TikTok”, nos invaden ciertos prejuicios. Aunque el algoritmo de TikTok ha viralizado canciones que se han convertido en auténticas joyas de artistas tan interesantes como Liana Flores o Jensen McRae, sabemos que esto no siempre es así. Por eso, lo más tranquilizador que descubrimos tras una breve investigación en la biografía de DELANEY BAILEY es que primero adquirió formación musical y estudios en producción, y luego usó las redes en su beneficio. No es una influencer que se hizo famosa y luego le hicieron un disco como a Addison Rae. Con esa duda despejada, podemos tomarnos en serio a DELANEY BAILEY y seguir con nuestra reseña de CONCAVE, su segundo álbum de estudio.

Phoebe Bridgers se convirtió en el referente obligado de la cantautora confesional moderna, DELANEY BAILEY representa una de las corrientes posteriores que han surgido de esa influencia, pero con un enfoque distinto. En este último trabajo, Bailey combina la intimidad desnuda de la cantautora clásica con una producción clara y melódica y en algunos pasajes incluso crea atmósferas etéreas. Su música no juega a la ironía ni a la confrontación. Busca la cercanía con el oyente, ofreciendo canciones que funcionan como espejos emocionales, sin artificios y con un oficio evidente que sostiene toda la escucha. Aunque en una primera escucha no revela aristas ni riesgos extremos, la coherencia y la autenticidad de su propuesta hacen que el disco destaque en un panorama saturado de jóvenes cantautoras post-Bridgers. 

En CONCAVEDELANEY BAILEY apuesta por narrativas introspectivas y confesionales que exploran emociones cotidianas con una honestidad casi incómoda. Las letras no buscan metáforas rebuscadas ni juegos de ingenio: hablan de rupturas, nostalgia, deseo y vulnerabilidad con una claridad directa que convierte cada canción en un pequeño relato íntimo. Este enfoque crea una sensación de proximidad, como si el oyente compartiera un diario personal; al mismo tiempo, la autora evita la sobreactuación o el dramatismo excesivo, manteniendo siempre un equilibrio entre exposición y control. Es en esa combinación de honestidad y mesura donde reside la fuerza narrativa de este álbum. Las historias no necesitan exagerarse para que destaquen, porque Bailey ya consigue que la empatía del oyente sea suficiente para que cada momento emocional se sienta vivido y real. 


Musicalmente, CONCAVE se mueve con naturalidad entre la sencillez acústica y la producción cuidada del alt-pop. Las canciones suelen apoyarse en estructuras claras y melodías pegadizas, donde la voz de Bailey se mantiene siempre al frente, cargada de matices y respiraciones que refuerzan la sensación de intimidad. Los arreglos, aunque discretos, juegan con texturas etéreas y capas de sintetizador en algunos temas, lo que aporta momentos cercanos al dream pop sin desviar la atención de la narrativa central. Esta combinación de producción refinada y simplicidad instrumental permite que cada tema se despliegue con naturalidad, que la letra destaque y que la coherencia del disco se perciba desde la primera a la última pista. El resultado es un álbum que, aunque no busca romper esquemas ni desafiar al oyente, demuestra un oficio sólido y un sentido claro de cómo transmitir emociones de manera efectiva y envolvente. 

Dentro de la generación de cantautoras confesionales que sigue la estela de Phoebe BridgersDELANEY BAILEY ocupa un lugar intermedio entre la claridad emocional y la accesibilidad del alt-pop, y la fricción narrativa de artistas más transgresoras. Su música se acerca a nombres como Gracie Abrams o Sadie Jean, con una confesionalidad directa que conecta con el oyente sin capas ni artificios; al mismo tiempo, se distancia de cantautoras como Eliza McLamb o Holly Humberstone, que exploran riesgos narrativos y tensiones emocionales más profundas. Este posicionamiento hace de Bailey una propuesta eficaz y coherente, capaz de atraer a un público amplio en busca de intimidad inmediata, aunque quienes valoren la incomodidad enriquecedora o la provocación artística puedan percibir su disco como demasiado seguro. La crítica de momento lo ha valorado con el 80 sobre 100 de Spill Magazine, el único medio importante que lo ha reseñado, de momento. 

Si bien CONCAVE demuestra una sensibilidad emocional que funciona con claridad, su búsqueda de conexión inmediata con el oyente también la hace excesivamente complaciente en algunos momentos. La música de DELANEY BAILEY evita la fricción y el riesgo, lo que puede hacer que, aunque agradable, el disco se perciba seguro y predecible para quien valora tensión o transgresión en las canciones. Para oyentes que buscan la incomodidad enriquecedora o el desafío emocional que artistas más transgresoras pueden ofrecer, Bailey puede sentirse limitada; sin embargo, dentro de su propuesta, su habilidad para comunicar emociones con claridad y sinceridad sigue siendo notable. Nuestra valoración, a pesar de que nosotros somos de los que buscamos más transgresión que complacencia, es de un 85 sobre 100 porque es un álbum coherente, bien producido por Grayson Proctor, que también está acreditado como co-autor de algunas de las canciones, y al que no se le pueden hacer muchos más reproches. 


MEJORES MOMENTOS: Far Away, Lion, Nightshade, Wound, Baby Dream, Concave, Wake Up...

MEDIA CRÍTICA: 80/100

NUESTRA VALORACIÓN: 85/100

miércoles, 28 de enero de 2026

LA MIRADA DE SEAROWS


Alec Ducart está detrás de SEAROWS. Produce, compone e interpreta su segundo álbum titulado DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING. Es de Portland y se define como una persona no binaria y para entender mejor su obra hay que tener en cuenta otras perspectivas más allá de las heteronormativas. Pero no os asustéis, no se trata de hacer política, sino de acercarnos un poco más a la realidad cuando abrazamos la diversidad y podemos hacer otras lecturas de algunos trabajos desde una mirada queer. Es respetuoso y necesario.

DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING es un viaje introspectivo donde cada canción avanza con suavidad, acercándose a lo que duele y a lo que se ama sin prisa. SEAROWS construye un universo emocional que no busca certezas ni narrativas lineales: el álbum funciona como un océano de estados mutables, un territorio de ambigüedad donde el duelo, el afecto y la identidad aparecen como experiencias fluidas. El hecho de vivir y sentir al límite se percibe en cada acorde, en cada silencio, en la manera en que las canciones se despliegan con delicadeza. La metáfora de la caza de ballenas -Sacada de Moby-Dick de Herman Melville- que inspira el título, se traduce en esta ética íntima: amar y exponerse plenamente es un acto de riesgo, pero también de belleza silenciosa y reveladora. 

La sonoridad refleja esa misma sensibilidad. La base de indie folk, slowcore y folk contemporáneo se combina con leves pinceladas de folk psicodélico y atmósferas etéreas, creando un espacio donde la voz de SEAROWS transmite vulnerabilidad sin dramatismo. Los silencios, las guitarras mínimas y la producción que prioriza la intimidad sobre el espectáculo convierten al disco en un refugio: un lugar donde la música y la emoción coexisten con cuidado y honestidad. Cada tema se siente como un gesto de presencia contenida, que se expande sin necesidad de imponerse. 




En cuanto a referentes o a quién te puede recordar la música de SEAROWS, creemos que es mucho más interesante hablar del mapa de la diversidad y del lugar que ocupa dentro de ese mapa. En este blog siempre hemos dado visibilidad a artistas como Ethel Cain, Bells Larsen, Jasmine.4t, Hand Habits o Free Range. Todes elles comparten no solo una sensibilidad sonora o emocional, sino una pertenencia clara al mundo queer, y eso atraviesa la música aunque no siempre se nombre de forma explícita.

En el caso de Ethel Cain, como mujer trans, su obra está marcada por una relación muy específica con el cuerpo, la fe, la violencia simbólica y la supervivencia; en artistas como Jasmine.4t y Bells Larsen, también trans pero desde trayectorias y sensibilidades distintas, esa tensión se desplaza hacia otros territorios: la fragilidad cotidiana, la intimidad afectiva, el deseo dicho en voz baja y la vulnerabilidad como espacio político. No se trata tanto de relatos identitarios cerrados como de una forma compartida de situarse fuera de los marcos normativos, de cantar desde un lugar expuesto y descentrado. 

En propuestas como las de Hand Habits o Free Range -desde identidades no binarias- ese mismo gesto se vuelve todavía más cercano a SEAROWS: una escritura contenida, atenta al detalle emocional, que rehúye el dramatismo y convierte la sensibilidad en una forma de resistencia tranquila. En SEAROWS esto se percibe más como una ética que como una consigna: una manera de cantar desde un lugar descentrado, sin afirmaciones rotundas, con una identidad que no necesita explicarse ni justificarse. Hay una ternura frágil, una contención emocional y una resistencia a los relatos heroicos que conectan directamente con una experiencia queer de estar en el mundo: sentir mucho, observar mucho, protegerse sin endurecerse. No es música “sobre” ser queer en un sentido explícito, pero sí música hecha desde una sensibilidad queer, donde el afecto, el dolor y el amor no siguen rutas previsibles.  

La media crítica de DEATH IN THE BUSSINES OF WHALLING es de un 75 sobre 100 con notas que van desde los 80/100 de Mojo y The Skinny, hasta los 70/100 de Far Out Magazine y The Line Of Best Fit. Esos números no alcanzan a capturar la profundidad silenciosa de la obra. Este álbum crece con la escucha paciente: es música para sentirla. Para quienes buscan canciones que combinen belleza, fragilidad y coherencia emocional, SEAROWS ofrece un refugio sonoro y narrativo: un océano al que sumergirse y dejarse llevar. 

Nuestra nota es un 90 sobre 100 y podemos entender que la crítica lo haya valorado más bajo que nosotros porque es un álbum que no quiere ser “importante” en el sentido habitual: no reinventa géneros, no empuja límites de forma obvia, no tiene grandes picos dramáticos diseñados para destacarse en playlists o titulares. Pero lo que hace -y lo hace muy bien- es sostener una belleza frágil, constante, honesta, algo que suele crecer con el tiempo y no tanto en el momento de la valoración. Estos discos muchas veces envejecen mejor que su media crítica: hoy son “notables”, mañana son esos trabajos a los que la gente vuelve cuando necesita buscar respuestas. Dicho de otro modo: puede que no sea un álbum que se defienda bien en números, pero sí uno que se va a quedar a vivir contigo. Y eso, aunque para los otros críticos no siempre suba la nota media, suele ser la verdadera medida de su valor y por eso nosotros sí le damos más nota. 


MEJORES MOMENTOS: Photograph Of A Cyclone, Dearly Missed, Dirt, Hunter, In Violet...

MEDIA CRÍTICA: 75/100

NUESTRA VALORACIÓN: 90/100

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